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Consciences, resistance, and struggles (Towards the Articulation of a Leftist Feminist Strategic Agenda)

Aminta Beleño Gómez | Colombian Communist Party

Es colombiana por nacimiento, exiliada en Venezuela y venezolana por naturalización. Licenciada en Comunicación Social. TSU en Producción de Medios. Productora Nacional Independiente. Escritora y cineasta. Ha trabajado como periodista en medios impresos, radiales y audiovisuales. Tiene las siguientes obras escritas y publicadas:

Vivencias Caninas/Cuentos (2011), Periodismo y Guerra (2016), Memorias de un dolor tan ancho como el amor (2017), ¿Dónde están l@s niiñ@s? (2018), Parto Colectivo/Memorias del primer Congreso Articulador de Mujeres de Izquierda (2018), Entre curvas de espiral/Poemario (2019), La Mariposa de Mompox/Cuento (2021), Feminismo en la Caracas del Siglo XXI/Contado en plural (2022), La Tercera Mano/Novela (2022), Tras las huellas del gen maldito/Crítica a la sociedad patriarcal (2023), y Cine en clave ecofeminista/Apuesta por despatriarcalizar y decolonizar la mirada (2024).

Entre su producción cinematográfica se encuentran:

¡Ponte aquí! (Corto de cine experimental, 2008), Civilización (Corto animado, 2013), El 7 del Sur (Vídeo clip, 2012), ¡Ahora Tenemos Patria! (Documental, 2013) y Marcha Pacífica (Reportaje, 2014).

Ha recibido varios reconocimientos, entre los cuales figuran:

Primer Lugar Concurso Literario, municipio Libertador, Carabobo, 2003, Categoría Juvenil, al cuento Siempre pasan cosas buenas.

Premio Periodismo Alternativo 2006, Carabobo, Categoría Dirección y Contenido, Periódico La Misión.

Premio Regional y Nacional en Periodismo Literario, Concurso Gran Explosión Cultural Bicentenaria, 2011.

Primer Lugar, Festival de Cine Araca, 2013, Categoría Cine Animado, al corto Civilización.

Premio Cortometraje Documental, Festival de Cine Internacional de Margarita, 2013, Categoría Cine Alternativo y Comunitario, al film ¡Ahora Tenemos Patria!

Es militante del Partido Comunista Colombiano, integrante del Congreso Articulador de Mujeres de Izquierda, participa desde su inicio del Pacto Histórico en Venezuela, y es dirigente de la Organización de Víctimas del Conflicto Armado en el Exterior (OV) María Concepción Loperena.

Actualmente, labora en Editorial Trinchera y es presidenta de la Fundación Trinchera del Séptimo Arte, ambas en la República Bolivariana de Venezuela.

INTRODUCCIÓN

Tras superar una pandemia mundial que llenó las incertidumbres, angustias, tristezas y dolores emergidos, con las más variadas ilusiones sobre el florecimiento de una nueva humanidad; en oposición a las más dramáticas proyecciones sobre un futuro de dominio total, por parte de la élite corporativa occidental que se nutrió de la expansión global del Covid-19; nos encuentra una realidad muy compleja, que no encuadra ni en lo uno, ni en lo otro.

La era postpandemia nos despierta en un contexto marcado por la decadencia del Capitalismo y el avance de su lógica destructiva contra quienes considera objetos de apropiación: naturaleza, territorios, pueblos, mujeres, niñas y niños; generando disímiles y sofisticadas formas de opresión.

Y, en paralelo, un despertar de conciencias, resistencias y luchas, con perspectiva de transformación esencial, que buscan evitar el caos planetario esbozado sin máscaras, desde el poder hegemónico imperialista. Conciencias, resistencias y luchas que permiten encontrarnos, identificarnos y moralizarnos, es decir: seguir existiendo.

Este trabajo se inscribe en ese cosmos de praxis transformadoras que intentan articularse para la construcción de otra existencia social. Se proponen seis líneas para la organización de una Agenda Estratégica Feminista de Izquierda que apunte a quebrar el genoma de todos los sistemas de opresión conocidos por la humanidad: el Patriarcado, desarrollado al máximo por el Capitalismo transnacionalizado1, como oxígeno que renueva sus neuronas.

Una Agenda Estratégica entre las mujeres de izquierda será un salto adelante contra el patriarcal sistema hegemónico, porque nos permitirá articular todas las luchas que nos obliga a generar la multiplicidad de injusticias, explotaciones y violencias, generadas por el capital a escala global.

Una Agenda Estratégica que es, y debe ser, feminista, porque el Feminismo es potencialmente transformador; ya que apunta a destruir ese genoma de todos los sistemas opresivos que la humanidad ha vivido: el Patriarcado, herencia maldita que operó contra las mujeres la primera privatización2 y, en adelante, amparó todas las demás injusticias y exclusiones conocidas. Las seis líneas para una Agenda Estratégica Feminista de Izquierda, surgieron para el II Congreso Articulador de Mujeres de Izquierda (II Conarmiz), realizado en Caracas, en 2019. Ahora, fueron editadas para ajustarse a la 1ª Conferencia de la Plataforma Mundial de Mujeres, a efectuarse en Caracas, el 20 de octubre de 2025

I.-La lucha contra la guerra y por la masificación de la movilización política

Al hablar de guerra, no me refiero al enfrentamiento de distinta índole, en la lucha de clases o batalla de ideas; ni mucho menos, al ejercicio de la lucha armada como legítima defensa de los pueblos, contra la violencia sistémica y la ocupación imperialista; sino al contexto de ofensiva militar, ejercicio de la política con armas, o como lo describió Karl Von Clausewitz: “…la extensión pura de la política por otros medios… un acto de violencia, cometido para obligar a nuestro adversario a cumplir nuestra voluntad…”, (Clausewitz, 2003).

En ese sentido, una Agenda Estratégica Feminista de Izquierda debe ocuparse de la lucha contra la guerra, es decir, del activismo antibelicista; sobre todo, por considerar las siguientes razones:

1.- La capacidad destructiva desarrollada por el imperialismo estadounidense y sus aliados, así como la respuesta de los otros bloques de poder mundial (Rusia, China, Corea del Norte, India e Irán), aun siendo concebida como acción defensiva, es el mayor peligro que enfrentamos; porque podría ocasionar la destrucción de las condiciones para la existencia de vida planetaria. Más, si entendemos que la lógica sistémica es contra natura, autodestructiva, totalmente distinta de nuestra lógica.

Al respecto, el estudioso en proyecciones económicas, Jorge Beinstein, advirtió sobre lo contradictorio que resulta, para una mirada racional de la humanidad trabajadora, la política belicista estadounidense:

Nos encontramos ante la dinámica histórica concreta de la racionalidad instrumental (de la racionalidad burguesa), tal como se presenta a comienzos del Siglo XXI, en tanto expresión de la evolución, las contradicciones, los dramas, las necesidades, las posibilidades, de las fuerzas imperialistas dominantes que la desarrollan; en este caso, las élites occidentales. Se trata de una racionalidad sólo interesada en la eficacia de los mecanismos de preservación y expansión del poder, cada vez más empantanada en el corto plazo, absolutamente desinteresada de las consecuencias en el largo plazo. En ese sentido, el encadenamiento de “soluciones racionales” de problemas concretos, puede llegar a ser un seguro camino hacia el desastre, hacia el estallido del sistema, el esfuerzo racional (y amoral) de recomposición, de preservación del Capitalismo decadente, deviene autodestrucción… (Beinstein, 2014:21).

2.- La guerra se promueve para oxigenar al sistema: el armamentismo es una política económica capitalista. Ya no interesan mucho las ideas en disputa. Las corporaciones de la guerra le venden armas a quien pueda comprarlas. Así se explica la constante mundial de conflictos, tal como lo reseñó Jorge Beinstein:

…desde hace algo más de una década, asistimos a una suerte de mega Vietnam diversificado en varios espacios geográficos, con diferentes intensidades y modalidades; la mirada del imperio hacia el

resto del mundo es principalmente militar, la periferia aparece ante los ojos de su élite dominante como un vasto campo de batalla. Curioso fenómeno donde los agresores piensan y actúan como tales, pero donde porciones significativas de los agredidos no se han dado cuenta de que están en guerra; contemplan las tragedias de Afganistán, Irak, Siria o Colombia, como teatros bélicos limitados… (Beinstein, 2014:19).

Esa racionalidad del imperialismo occidental promueve conflictos en el seno de nuestros pueblos, con el preámbulo de la lumpenización y exacerbación del cerebro reptil, desde la implementación previa de mecanismos que insensibilizan y desnaturalizan a nuestras jóvenes generaciones, usando otro de los tentáculos corporativos armamentistas: la mediática.

Sobre todo, porque resulta difícil distinguir las líneas que separan al Periodismo, la Propaganda y la Guerra, desde que se acuñó la alianza sustantiva entre Propaganda y Guerra; (Beleño, 2016) magistralmente articulada por Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Adolf Hitler, ancestro real de cuanta manipulación se ejerce hoy, desde los milagros comunicacionales de las redes telemáticas. Conviene ponderar que:

Las consecuencias de esta perversión pueden medirse en diferentes niveles de angustia, incertidumbre, ansiedad, confusión, disociación psicótica y pérdida de la memoria colectiva; además, en la interiorización de conductas violentas, actitudes insensibles y comportamientos apáticos, en grandes franjas de la población con carencia de recursos ideológicos para sobreponerse a la ofensiva mediática que, diariamente, se cuela en sus rincones más íntimos, a través de la prensa, la televisión, radio, el computador y el celular. (Beleño, 2016:30)

3.- La guerra es anti-mujer: las mayores víctimas de toda guerra somos las mujeres, porque el gen patriarcal nos afrenta como trofeo, nos usa como referente moral contra el enemigo formal a destruir, nos quita a l@s hij@s, madres, padres, herman@s y compañer@s; nos caotiza la existencia para que reproduzcamos el caos y aflojemos la resistencia. Todo eso, porque en el devenir humano las mujeres nos hemos asumido como defensoras del territorio y la cultura.

Además, las guerras traen secuelas de violencia que cargan sobre la mujer, desde la pauperización económica en que se deja a los pueblos objeto de agresión, como por las psiquis afectadas que responden agresivamente ante cualquier desencuentro, frente a quien se considera, de acuerdo al sistema patriarcal, un ser inferior o privatizado. Las guerras que afrontamos responden a una planificación, son estrategia sistémica: belicismo. Y, este es:

genéticamente patriarcal, pues, fue desde el Patriarcado que se edificó toda la praxis bélica que logró derribar la vida comunal originaria, privatizar los dominios colectivos, despolitizar el espacio

doméstico, naturalizar la inequidad de géneros, la familia heteronormada y la división de clases; así como crear al Estado, al Derecho Paterno y al lenguaje, legitimador de exclusiones, despojos y violencias…

…El belicismo del Capitalismo global decadente desarrolla todas las formas de violencia y opresión patriarcales, porque conoce del género mujer su capacidad para la defensa natural de territorios y culturas; así como el caudal económico que su triple explotación aporta a todas las naciones, incluidas aquellas que se declaran revolucionarias; así que lo ubica como referente moral para ser opuesto como trofeo al enemigo formal.3

El belicismo es el autor material de la violencia sexual contra mujeres y niñas, como mecanismo de confrontación política. Veamos:

En diversos países de América Latina, varios equipos de investigación recientemente constituidos estudian hoy los crímenes sexuales ocurridos en los conflictos internos de los países y crean categorías forenses…y jurídicas, para aprehender, investigar y procesar este tipo específico de violencia como crímenes de guerra…

…un caso sobre el que existe abundante literatura que, inclusive, coloca su foco en el análisis de la violencia sistemática contra las mujeres indígenas como componente central del “conflicto interno” es el de Guatemala. Allí, fuerzas militares actuando paraestatalmente atacaron a las mujeres de los diversos pueblos mayas que forman la mayoría indígena de ese país, las sometieron a actos de extrema crueldad y a violaciones sistemáticas que se tornaron públicas y resultaron en la estigmatización y el ostracismo de esas mujeres, como forma de disolver el tejido social, sembrar la desconfianza y romper la solidaridad comunitaria. (Segato, 2018:78)

Una prueba fehaciente y actual de que las mujeres se encuentran en el blanco del belicismo, la ubicamos en Colombia: para octubre de 2020 se contabilizaron 185 Feminicidios, perpetuados por grupos de hombres armados,4 cuya visible consecuencia inmediata fue el desplazamiento masivo. Un caso puntual se registró con Sandra Meneses, presidenta de la Junta Comunal de la vereda La Esperanza, en La Caucana, Antioquia, noroccidente colombiano; quien fue asesinada el 30 de agosto del mismo año, tras lo cual se generó el desplazamiento de 12 familias que entendieron el sacrificio de su lideresa, como amenaza colectiva.5

Asimismo, el ejercicio de la violencia sexual como arma de guerra contra las mujeres se evidenció en la represión, ejercida por el Gobierno de Iván Duque contra quienes

participaron del Paro Nacional, iniciado el 28 de abril de 2021, como protesta por medidas gubernamentales de tipo neoliberal, estranguladoras de la población trabajadora: a los 22 días de iniciada la protesta, se registraban 27 casos de violencia sexual, ejecutados por fuerzas policiales.

Un caso que trascendió, debido a la trágica magnitud de sus consecuencias, fue el de la joven Allisson Lizeth Salazar Miranda, quien fue retenida por un grupo de agentes pertenecientes al organismo policial Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), la noche del 12 de mayo, y sometida a violación en el lugar de su detención, por cuatro de esos funcionarios. Por ser menor de edad, Allisson fue entregada a sus familiares, pero al día siguiente se suicidó, no soportó el dolor de la cruel vejación. En los mensajes que escribió a una amiga, soltó su agonía: “…me manosearon hasta el alma…”, reveló.

Es imposible evitar las lágrimas, sobre todo, cuando se revisa el vídeo que grabó una de las manifestantes, donde se observa el momento de la arbitraria detención: la niña iba luchando contra un grueso número de gendarmes, ataviados como típicos Robocots. Allisson nunca mostró miedo, gritaba: “¡Sóltame, que me estás desnudando!”. Ya, en el suelo, se quitó el morral que llevaba en sus espaldas y lo arrojó a los pies de sus captores, con toda su bizarra inocencia, se le oyó decir: “Yo no estoy haciendo nada, ahí está el hijueputa bolso…”.

Un día después, el mundo volvió a saber de ella, cuando la familia encontró su cuerpo inerte. Su nombre sigue apareciendo en las calles y en toda marcha o acto de protesta.

4.- La guerra es ecocida: los conflictos bélicos siempre han afectado ecosistemas. La producción armamentista es contaminante, el uso de bombas y misiles destruye vida en todas sus formas, tanto en tierra, como en aire y aguas. Ahora, los ecocidios de las guerras del Capitalismo decadente, para nada, son de efecto colateral; hacen parte de un plan destructivo contra comunidades ancestrales y/o campesinas, fauna y flora, para la apropiación de territorios que ofrecen fuentes de enriquecimiento, como las que atesora el subsuelo. En esa dirección, Beinstein señaló que:

A comienzos del Siglo XXI, la civilización burguesa ha convertido su mezquina racionalidad instrumental en un delirio de muerte, en una fuerza tanática que pretende sobrevivir, alimentándose de la destrucción del planeta (de su población, de su contexto ambiental). (Beinstein, 2014:13)

Sobre las relaciones nefastas que pretende imponer el pensamiento patriarcal capitalista de Occidente, conviene referir que:6 El Capitalismo global decadente avanza sobre nuestro cuerpo común: la naturaleza. Ya conoce cómo controlar la reproducción de especies,modificando su genética. Apuesta por romper el tejido que sol, luna, tierra, viento, lluvia, plantas, insectos, aves y vientres femeniles hilamos para reproducir la vida…

…Ha violado las entrañas de la tierra para robarse su pasado fósil, y destruido territorios para elevar moles comerciales; así como está interviniendo cuerpos feminizados para usarlos como objetos de morbo mercantil, y violentando matrices, para evitar partos y tasar nacimientos. Además, va por la sustitución de millones de mujeres y hombres que trabajan la tierra, maquinizando la histórica agricultura que nos enlaza en orígenes, culturas, memorias y sentido de la existencia.

Con igual claridad, Amaranta Herrero profundiza en la peligrosa filosofía que guía el momento sistémico:

El patriarcado capitalista hace un terrible reduccionismo de toda la vida al valor del dinero. El motor del sistema capitalista consiste en una lógica de acumulación de capital y de obtención de beneficios. A través de una serie de estructuras sociales, culturales, económicas y políticas, beneficia a unos pocos a costa de la mayoría y acelera peligrosamente la entropía planetaria, con una dinámica suicida. Pone el conjunto de la vida al servicio del capital y, con ello, no solo aumenta las desigualdades sociales, sino que ha conseguido llevar al planeta a una nueva era geológica, hostil e impredecible, dañar irreversiblemente el conjunto de seres vivos que forman la trama de la vida e incluso amenazar la propia supervivencia humana. (Herrero, 2017:22)

Más allá de las consideraciones teóricas, hay una realidad aterradora generada por el belicismo, que muy poco se visibiliza. De acuerdo al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): “Las guerras que soportó Afganistán, desde 1979, dejaron un legado de millones de minas terrestres, aguas contaminadas, bosques arrasados y ciudades sin saneamiento básico…”.

Sobre la tragedia que dejó la guerra en esa nación, Jorge Ballester Prieto7 aseveró que:

…este país perdió un tercio de sus bosques, debido a la guerra…las seis zonas protegidas que existen cubren, apenas, uno por ciento del territorio. Estas reservas son hogar de especies en rápida declinación, como osos, ovejas, diversas aves y leopardos de las nieves. La mayoría de los ejemplares son cazados para servir como alimento oser vendidos por refugiados o campesinos desesperados por el hambre…

Asimismo, nos asoma el caos ambiental, a más del humano que conocemos, causado por la invasión sionista a Palestina:

…la degradación ambiental, la contaminación del agua, la pérdida de vegetación y el manejo de residuos, son factores que han impactado duramente el medio ambiente. El incremento de desechos peligrosos, la contaminación de acuíferos, cuyas aguas son compartidas, y otros daños ambientales en los territorios ocupados (por Israel) amenazan a esta generación y a las futuras…

Igualmente, Ballester Prieto prendió las alarmas al detallar el impacto ambiental de la invasión a Irak, en 1991, mediatizada como “Guerra del Golfo”:

…marcó un antes y un después en las consecuencias medioambientales de las guerras. Fue la primera ocasión en que la polución se empleó como táctica de guerra. Más de 700 pozos petrolíferos fueron deliberadamente incendiados…y entre seis y ocho millones de barriles de petróleo fueron derramados al mar para defenderse de los ataques de la coalición internacional. Como resultado: 80.000 toneladas de gases de efecto invernadero liberados y 500 kilómetros de costa contaminados.

5.- La guerra es antítesis de la participación política protagónica de las mayorías, y de las mujeres: las estructuras que deben generarse para enfrentar las agresiones armadas del imperialismo, aún desde las resistencias populares no convencionales, como guerrillas o milicias, están obligadas a la verticalidad, al ordeno y obedezco. Y, por ser la violencia, la fuerza bruta, la que rige el desenlace, por lo general, las mujeres resultamos excluidas de las posiciones decisivas de mando.

Tras el fin de los conflictos armados, esas huellas marcan el trasegar del pueblo que estuvo en armas. Reestructurarse para ejercer colectivamente un pensamiento y accionar, requiere de muchos factores que se extienden en tiempos, donde el sistema aprovecha y avanza, con las marcas patriarcales en vanguardia.

De otra parte, las verdaderas revoluciones son hechas por mayorías voluntariosas, capaces de orientarse y tomar decisiones en el momento en que corresponda. Esencialmente, el enfrentamiento armado no es el factor determinante, más bien, es una resultante:

El uso de las armas como factor decisivo y/o forma de lucha principal, que consagra al enfrentamiento bélico como principio y fin de todo proceso de liberación y transformación, es otro mito que, no sólo individualiza y masculiniza los protagonismos, sino que borra las etapas previas a toda confrontación militar, que parte de una concientización colectiva de organización y movilización política,

donde las armas se estiman necesarias, cuando otras prácticas resultan insuficientes.

Asimismo, oculta la importancia de métodos de lucha que son esenciales para posibilitar la conformación de insurgencias armadas y partes victoriosos, como: inteligencia y contrainteligencia, propaganda, planificación, logística y organización política. Porque, ningún pueblo conforma ejércitos libertarios, si antes no se percata de que existe un sojuzgamiento, entiende que sólo batallando logrará emanciparse y se articula para eso.

Entonces, volvemos aquí con las multitudes excluidas y el género invisibilizado desde la mitificación patriarcal. Retomando el proceso de nuestra Primera Independencia en la Patria Grande, encontramos que, hasta fines del siglo pasado, el 70% de la producción historiográfica estuvo dedicado al periodo Guerra de Independencia; y de ese 70%, la narrativa sobre batallas y biografías del heroicismo militar masculino es avasallante.

Ni el proceso gestante de la Guerra de Independencia, que duró más de tres siglos; ni la participación de las muchedumbres, ni el protagonismo civil, ni mucho menos el de las mujeres, que fueron esenciales, se pondera.

Lo que se glorifica es el enfrentamiento bélico que, apenas, cuenta tres lustros; y el protagonismo individual de caudillos, quienes fueron una resultante colectiva que le debe al género femenino elementos trascendentales para la acumulación de fuerzas: desde las descendencias paridas y alimentadas con ideario independentista orientado a la lucha, hasta las prácticas políticas que rastreaban información, confundían al enemigo, propagaban ideas, problematizaban instituciones, generaban levantamientos, proveían logísticas y, llegada la hora, tomaban las armas8.

De manera que, si queremos construir una nueva sociedad, es apremiante socializar la democracia popular, la horizontalidad, donde la equidad de género resulta impostergable; premisas incompatibles con la guerra.

Por todas estas razones, debemos asumir una lucha frontal contra la guerra imperialista, organizar campañas nacionales y mundiales por la resolución política de los conflictos, contra las armas atómicas, nucleares y de cualquier tipo, sobre todo, las que ocasionan destrucción masiva y ecocida.

Asimismo, debemos luchar contra cualquier mecanismo que promueva e incentive el uso de las armas, como los juguetes bélicos, tangibles o virtuales. El Feminismo de Izquierda debe asirse a la consigna “Territorios libres de guerra, territorios para la Paz”.
Al mismo tiempo, las mujeres de izquierda debemos promover la masificación de la movilización política y la participación electoral. Al enemigo imperialista y sistémico debemos oponerle insurrecciones, levantamientos populares, boicots, huelgas generales o tomas. Igualmente, decisiones legales, desde las comiciales, hasta las consultas, plebiscitos, referéndums y abrogaciones. A su poderío bélico, nuestro poderío multitudinario, constructivo y defensivo.

Referentes de la potencialidad que tienen las multitudes atribuidas como poder popular, los encontramos, por ejemplo, en Colombia: la insurrección multitudinaria de 2021 trascendió meses en todo el territorio, inventando formas para la denuncia, defensa y amparo colectivo, logrando voltear la mirada del mundo hacia sí, y derrotando dos, de las cuatro reformas antipopulares, planteadas por el gobierno de Iván Duque, y que fueron las que generaron el Paro Nacional.

Recientemente, fue la movilización popular permanente en apoyo a las Reformas Sociales, propuestas por el presidente Gustavo Petro Urrego, las que lograron, tras múltiples oposiciones de la derecha en el Congreso, que resultaran aprobadas la Pensional y la Laboral, esencialmente dirigidas a reivindicar derechos de la clase trabajadora.

Asimismo, en Haití, el inconsciente colectivo de esa África libertaria que entonó el primer tambor triunfante contra el colonialismo europeo en Nuestra América, ha combatido en las calles y sigue en activa resistencia contra una tiranía que presiente su fin.

Cuba, como Estado, nación y pueblo, combate contra el bloqueo y las sanciones, desde una posición geográfica que la hace vulnerable a cualquier intento de aislamiento, con sus municiones propias: dignidad, solidaridad, apremio científico, amor al arte, afición al deporte y convicción irrefutable del nunca jamás una colonia estadounidense. Obviando sus limitaciones, a sabiendas de que solo 80 millas la distancian del poderío militar más peligroso del planeta, mantiene una política de seguridad nacional ajena al armamentismo de su población, con resultados inevitablemente admirables porque no registran las violencias normatizadas del resto del mundo. En plena pandemia, mientras algunas potencias seguían esforzándose en la competencia por exhibir su poder misilístico, Cuba sorprendió al mundo con cinco vacunas anti Covid-19.

Y, aquí, en Venezuela, el ideario del Socialismo del Siglo XXI que levantó el comandante Chávez, desde su Revolución Bolivariana, disputa su edificación en una silente resistencia constructiva que incluye ensayos productivos, donde se promueve la propiedad social. Tales embriones socialistas, conviven con la producción e intercambio capitalista, ampliamente dominante; vale decir, Chávez impulsó un modelo donde se yuxtaponen distintos tipos de propiedad (Figueroa, 2020). Para nuestras expectativas, conviene reseñar que:

…las y los proletarios de la Patria Grande tienen, por tanto, en las experiencias colectivistas desarrolladas en Venezuela, durante estas dos décadas -aún con sus falencias- vivencias y elementos para una construcción teórica y práctica. Sin duda, un invaluable aporte en el propósito de reconstruir un horizonte estratégico para la humanidad… (Figueroa, 2020:11) Además, y en el entramado de las Medidas Coercitivas Unilaterales, impuestas por el Gobierno de Estados Unidos contra el Gobierno Bolivariano, que cargan gravemente sobre el ser femenil; a diario se mueven con estoica heroicidad un sinnúmero de mujeres que habitan las comunidades populares de Venezuela, para mantener el continuo de Programas Sociales, como los Consejos Locales de Abastecimiento y Producción Socialistas (Claps), estructurados por el Gobierno Nacional, a fin de paliar las afectadas economías de millones de familias, con la entrega de alimentos subsidiados. Es lo que se viene llamando “maternidad social”, la extensión del sacrificio en tiempo y fuerza de trabajo que el ser mujer realiza en su espacio doméstico, hacia la familia social, que intenta fundarse en las Comunas.

II.- La batalla por las independencias nacionales, hacia el fin del colonialismo en todas sus expresiones y espacios

El Internacionalismo es feminista. Implica reconocer el Derecho a la Autodeterminación e Independencia de todas las naciones oprimidas por el anacrónico, pero, sobreviviente colonialismo. Hay que dar un salto contra la complicidad mundial que ha mantenido al fantasma de la colonia.

Es feminista luchar por el derecho de las naciones a las que no se les ha permitido ser soberanas, ni alcanzar el estatus de Estado, pues, el colonialismo es un caldo de cultivo para la regeneración permanente del Patriarcado, internacionalmente intocable.

El colonialismo niega los orígenes, la cultura ancestral, la lengua y el territorio madre; viola la naturaleza identitaria nacional y tergiversa las relaciones de explotación coloniales, al encubrirlas como afinidades estatales, traspapelando la memoria de la violencia que habita en todo Estado construido sobre una nación invadida.

En el mundo actual, hay pueblos que siguen andando con el grillete del parasitismo colonial feudal, supervivencia de un pasado que se invisibiliza, desde las sombras de la globalización del capital, y que se narra en el escenario mundial como hecho superado.

Un ejemplo, entre muchos, es el Archipiélago Canario, ubicado en el Océano Atlántico, frente a la costa noroeste de África; una nación que mantiene estatus de colonia de España, desde que fue invadida en el Siglo XV, con el consecuente sometimiento a la esclavitud de su pueblo originario: la comunidad Guanches.

De las funestas secuelas que ha generado la permanencia de la ocupación colonial del Estado español en el Archipiélago Canario, podemos enterarnos de viva voz, por quienes se reivindican descendientes nacionales originarios:

La sociedad canaria, como consecuencia de la pertinaz colonización española, y acrecentada por la actual crisis sistémica global del Capitalismo mundial, sufre los índices socio-económicos más negativos de todo el Estado español, a saber: saqueo y expolio de los recursos económicos, generados en las islas (la hacienda española y las empresas capitalistas foráneas extraen, anualmente, enormes cantidades de dinero y riqueza jamás confesadas); tasa de desempleo del 21%; el 40,2 % de la población canaria está en riesgo de pobreza y/o exclusión social, en el año 2017, según informe AROPE 2018 de la European Anti Poverty Network (EAPN); alto fracaso escolar (menos del 3% del Producto Interior Bruto (PIB), dedicado a educación); fuerte alienación cultural, deterioro de la sanidad con masificación y altas listas de espera; falta de democracia con una ley electoral que impone restrictivos topes del 4% nacional y del 15% insular, para obtener representación institucional en el parlamento autonómico de Canarias; estructura socio-económica frágil y nada diversificada (más del 80% de la economía está concentrada en hostelería-turismo y cemento-edificación); alta desigualdad social, alta dependencia alimentaria exterior (más del 90% de los alimentos consumidos por el pueblo canario son importados); desnutrición superior al 20%, fuerte división administrativa en dos provincias enfrentadas y en pleito permanente, la clase trabajadora con los salarios más bajos y las jornadas laborales más altas del Estado español; alta prevalencia de las enfermedades mentales y alto consumo de psicofármacos, sobre todo, en la población femenina (ansiolíticos, antidepresivos y somníferos); ausencia total de banca pública, hacienda y política fiscal canaria propia, medios de intoxicación informativa de masas, en manos privadas de la burguesía y oligarquía, superior al 95%; paradoja urbanística escasez de viviendas para el pueblo canario, pero abundancia para colonizadores españoles y europeos (1/3 de las viviendas están desocupadas, al ser muchas segundas o terceras residencias de españoles y europeos que las habitan estacionalmente, durante algunos pocos meses al año)9. Al saqueo actual de las riquezas generadas en las Islas Canarias debemos añadir el futuro y potencial expolio de los hidrocarburos y múltiples metales contenidos en los fondos oceánicos atlánticos canarios, Asimismo, se une a la potencial minería submarina la posibleminería terrestre de las “tierras raras” contenidas en la corteza terrestre de algunas islas como en Gran Canaria, tal como nueve investigadores de cuatro universidades han publicado en la prestigiosa revista científica Journal of Geochemical Exploration.

Los estudios oceanográficos sobre el fondo marino circundante al Archipiélago Canario realizados desde el año 2010, revelan la existencia de las mayores reservas mundiales de minerales estratégicos de alto valor para la tecnología moderna como, por ejemplo, telurio, hafnio, níquel, cobalto, hierro, manganeso, antimonio, arsénico, plomo y molibdeno. Asimismo, los estudios oceanográficos y terrestres apuntan a la existencia de tierras raras ligeras que contienen metales y elementos de alto valor para la telefonía, defensa, computadoras y artefactos espaciales (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, promecio, samario, escandio, itrio).

A más del panorama descrito, revelador de la esencia radicícola del Estado español y de la fatal genética feudal del Capitalismo; el mantenimiento de ese territorio bajo dominio colonial europeo representa una amenaza constante para cualquier proyecto de emancipación en el mundo, por aquello de la Geopolítica, de la globalización, que se traduce en la posibilidad de mundializar el ejercicio de la fuerza contra el pensamiento libertario que, aún se defiende en dispersión y no alcanza la utopía de su articulación.

Para la Geopolítica que anuda el hacer sistémico, el Archipiélago Canario, ubicado frente a Marruecos, Sáhara y Mauritania, le otorga a ese territorio “una naturaleza tricontinental y un enclave de alto valor geopolítico y geoestratégico entre África, Europa y América. Dicha posición geopolítica hace de Canarias una propiedad muy apetecible para el Estado profundo que gobierna al decadente imperialismo gringo.”10

Tal como lo declaró Rita María Rodríguez Rodríguez, vocera del Colectivo de Mujeres Independentistas de Canarias, tras la colonización española y europea del Archipiélago Canario:

…se añade la estrategia imperialista gringa que ha convertido a nuestras islas en plataforma de agresión, explotación, expolio y saqueo de las riquezas de los pueblos hermanos del continente africano. Los planes del Comando para África (Africom) y de la Organización Terrorista para el Ataque a las Naciones (Otan) con los puertos militares y mineros de Arinaga y Agaete (isla de Gran Canaria), Granadilla (isla de Tenerife) o Puerto de Tazacorte (isla de La Palma), son la demostración más palpable de tales amenazas.

Entonces, asumir la lucha contra el colonialismo y por el derecho de todas las naciones invadidas a ser independientes y a organizarse como Estados soberanos,no solo es un principio internacionalista; es una necesidad para la propia existencia. Las naciones que luchan contra el yugo colonial, están luchando contra el Capitalismo global en su peligrosa existencia imperialista.

Al respecto, Rukaden Arehukas Teguise, vocero del Movimiento de Liberación Nacional Canario, narró que:

El pueblo canario dijo, mayoritariamente: ¡NO! a la Otan, en el referéndum del 12 de marzo de 1986; y esa decisión democrática de nuestro pueblo, no ha sido respetada por España, la Unión Europea, ni los Estados Unidos de Norte América.

…continuamos defendiendo que la solución…es la descolonización y la independencia de nuestras islas, que abra paso a la liberación nacional, social y psicológica del pueblo canario.

…el sector femenino de la población canaria es el más afectado negativamente… somos conscientes de que necesitamos de la solidaridad internacional y del arduo trabajo de concienciación y organización de nuestras mujeres canarias para lograr su movilización y su participación activa en el apasionante proceso emancipador que nos aguarda.

La liberación de Canarias, a buen seguro que tendrá repercusiones positivas, no sólo en la mujer del archipiélago, sino en las mujeres y pueblos de África y América Latina y caribeña. La hermandad entre África y América pasa por Canarias…

La conciencia y lucha de la original nación del Archipiélago Canario, la comunidad Guanches, superviviente en las actuales generaciones canarias; es solo un ejemplo de la trascendencia que tienen las batallas independentistas mantenidas `por otros pueblos, como el catalán, el vasco y el galego, dentro del Estado español. Ni que decir de Palestina, el pueblo del Kurdistán y el saharaui, entre muchas otras naciones que enfrentan, tanto al oprobioso espectro del pasado colonial, como al aciago Capitalismo decadente ecogenocida.

A las feministas de izquierda nos corresponde extender nuestras banderas hacia la eliminación definitiva del colonialismo, por un mundo de territorios y poblaciones soberanas.

III.- La integración del Ecosocialismo entre las banderas feministas, como deber hacia la defensa de la Madre Naturaleza

Si una defensa es feminista, es la que propende por el respeto de la primera madre: la naturaleza, el espacio donde la diversidad no se contradice, sino que se complementa. De las mujeres es la reproducción de la vida y su protección. Por tanto, toda mujer feminista de izquierda debe indignarse contra cualquier práctica que lesione y sacrifique a la primera madre, encarnada en el aire, la tierra, el agua, las plantas y demás animales.

Las feministas de izquierda debemos incorporarnos a las luchas ecologistas que se dibujan en una variada y colorida gama, donde se incluyen: el combate al extractivismo, porque viola las entrañas de la tierra para saquear su savia, a fin de incrementar la riqueza de las élites globales, destruyendo espacios ancestrales y culturas autóctonas; así como la crítica y el accionar contra la industrialización de la vida, que apunta a sustituir los procesos naturales y colectivos, para maquinizar todo espacio posible, desde la óptica de la hegemonía sistémica; esa que nos está invadiendo con productos transgénicos, cuya esencia, además de envenenarnos, es la privatización de las semillas, las células madres y la misma dinámica natural de reproducción de la vida.

También, las batallas ecológicas asumen la defensa de los derechos de l@s otr@s animales a una vida libre de maltrato, tortura y sacrificio innecesario; lucha que ha logrado avances, como la “Declaración Universal de los Derechos Animales”, aprobada por la ONU,11 victoria contra la insensibilidad hacia el sufrimiento de las diferentes especies que nos acompañan en este planeta; y que es cimiento de indolencia contra cualquier injusticia, pues, está basada en la malévola concepción patriarcal humanocentrista (androcentrista).

Se trata de un pensamiento estructurado en el terrible binarismo que opone las categorías naturaleza y sociedad, para legitimar la violencia patriarcal, clasista y contra natura. Ese binarismo que nos impusieron: Desde el mito fundacional judeo-cristiano que plantea, por supuesto mandato divino, el derecho del hombre a dominar la Tierra y a todas las especies que sobre esta existen, impuesto por la colonización europea contra las visiones ancestrales de respeto y admiración hacia las fuerzas naturales; hasta los razonamientos humanocentristas de la filosofía griega: “…el hombre es la medida de todas las cosas…”, heredados por el racionalismo y las revoluciones burguesas en su filosofía  humanista;  llegamos  al  Capitalismo  global  decadente,practicante de los más grandes atropellos contra la Madre Naturaleza, en aplicación de esas teorías que diosifican a la especie humana sobre todo lo que existe, dentro y fuera del planeta, pues, ya hasta la colonización de la luna y otros astros está prevista.12

La unidad del Feminismo con el Ecologismo está planteada hace más de tres décadas, cuando se comenzó a dialogar de forma extensa sobre diferentes feminismos, donde se incluyó al Feminismo Ecologista, identificado como Ecofeminismo, posteriormente;13 tras reconocer nexos característicos entre la expoliación de las mujeres y la explotación de la madre naturaleza.

Como diversas somos las mujeres y disimiles las inequidades e injusticias que el sistema patriarcal capitalista nos impone, también, el Ecofeminismo reporta complejidad de directrices, donde se inscriben: esencialismo, espiritualismo, constructivismo, animalismo y la tendencia queer. En la medida general, es una praxis construida por la articulación de tres corrientes sociales: Feminismo, Ecologismo y Pacifismo.

En ese sentido, a las mujeres de izquierda, a quienes vindicamos la necesaria transición hacia la edificación de un sistema diferente, antítesis total del Capitalismo, nos corresponde asumir, desde nuestro Feminismo, la unidad necesaria con las ecofeministas, sobre manera cuando:

Los ecofeminismos están expandiéndose y, cada vez, toman más importancia. La óptica ecofeminista va ganando pulso e influencia, y expande deberes y alianzas entre los diferentes movimientos sociales. En la raíz del ecofeminismo reside la idea de que los múltiples sistemas de opresión se alimentan unos a otros. Tanto desde la teoría, como desde la práctica, las ecofeministas construyen alianzas entre las que luchan contra el sexismo, el capitalismo, el racismo, el heterosexismo, el colonialismo, el especismo y la destrucción ambiental.

En definitiva, los feminismos ecologistas desarrollan un nuevo proyecto ético, social, cultural y político, frente a la crisis de valores patriarcales, consumistas e individualizados, impulsados por las sociedades occidentales (Herrero, 2017: 27).

En esas inevitables concurrencias de pensamientos y acciones, se inscribe el Ecosocialismo, corriente que insurgió por entre los dogmas que no comprendían la lucha de clases como una lucha por el respeto de la vida toda, por la consagración de la comunidad naturaleza-humanidad. Aún, mi memoria tiene frescos los estigmas que cargaban contra quienes asomábamos Ecologismo y Feminismo en debates y acciones. Esas vindicacionesdel inconsciente colectivo ancestral, que pervivía en nuestra generación militante, eran catalogadas como distracciones de la derecha, lanzadas al escenario de la lucha de clases para apartarnos del objetivo principal; entre otras estimaciones erróneas.

Ahora, la izquierda mundial concuerda con la urgente defensa del ecosistema, porque la deflagración ambiental está apuntando a la destrucción planetaria. Y, entonces, se recuerda al verdadero Marxismo/Engelismo:

En el desarrollo de las fuerzas productivas, se llega a una fase en la que surgen fuerzas productivas y medios de intercambio que, bajo las relaciones existentes, sólo pueden ser fuentes de males, ya que no son fuerzas de producción, sino más bien, fuerzas de destrucción (Engels y Marx, 1974:81).

Conviene recordar a Jorge Beinstein, siempre empeñado en hurgar la honesta complejidad de los estudios que nos legaron Engels y Marx, miles de veces manipulados por capricho de las autoproclamadas vanguardias, que veían de reojo algunos temas que ambos luchadores identificaron como conexos en las luchas del proletariado, incluidos en su autopraxis liberadora14; entre estos: Feminismo y Ecologismo.

Pues, resulta que, Beinstein dedicó su última obra, Marx: temas pendientes (concluidas horas antes de su viaje a la inmortalidad), a demostrar que existe una total afinidad entre Marxismo-Engelismo y los temas vedados por el reojo ortodoxo. Leamos:

La devastación de recursos naturales, amenazando la reproducción del sistema, fue señalada por Marx, y la irrupción de la temática ecologista puso de relieve sus observaciones sobre la existencia del metabolismo entre sociedad humana y naturaleza, subordinando la reproducción sustentable de la humanidad a la de un espacio mayor, sobre determinante, que la incluye de tal modo que el desarrollo social que consiga quebrar dicho metabolismo, dañando al contexto ambiental, hace inviable la propia existencia humana.

El concepto marxiano de fractura del metabolismo humanidad- naturaleza, producto del desarrollo capitalista, ha sido reiteradamente presentado como demostración de que Marx no se limitaba a centrar su análisis en las contradicciones económicas del sistema, sino que extendía el enfoque al espacio ecológico (Beinstein, 2019:10).

En una de sus notas conclusivas, este pensador aseveró:Es posible ampliar la visión de Marx a temas tales como la opresión racista, étnica, religiosa, etaria, etcétera; llegando a la percepción de la civilización burguesa, no como una simple máquina capitalista de extracción de plusvalía, sino como articulación compleja de distintas formas de opresión, de explotación destructiva del ser humano y su medio ambiente, donde aparecen niveles, pesos relativos, vías concretas de interacción. Lo que de ninguna manera diluye en un conjunto amorfo la lucha de clases, sino que la ubica históricamente en la dinámica civilizatoria (Beinstein, 2019:48).

Finalmente, dejemos a Engels diciéndonos que la potestad holística sobre la existencia “…no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno…”. Igualmente, que “…en la naturaleza nada ocurre en forma aislada. Cada fenómeno afecta a otro y es, a su vez, influenciado por este…” (Engels, 1876:5).

IV.- La apropiación de la batalla mediática como escenario vanguardia contra la guerra sistémica

La información, comunicación y propaganda, ejercida desde la hegemonía mediática del sistema, ha generado dos realidades: una virtual y otra social. Hoy, la mediática es el escenario vanguardia de la guerra sistémica, imperialista y patriarcal.

Una Agenda Estratégica Feminista de Izquierda debe plantearse la batalla mediática, desde dos direcciones y un objetivo.

La primera dirección: contradecir, bloquear y neutralizar, las orientaciones alienadoras de la mediática hegemónica enemiga (Beleño, 2017); la segunda, generar contenidos que fortalezcan el imaginario popular, la cosmovisión femenina y la sensibilidad social (Beleño, 2018).

El objetivo: rehacer nuestro campo interior, constituido por familia, comunidad y organizaciones base, para edificar trincheras esenciales y definitorias contra la batalla ideológica que sustenta la perpetuación de todas las opresiones.

Es importante cuestionarnos el lenguaje y la semántica dominante que, visible e invisiblemente, están impregnadas por una lógica sistémica absolutista, donde se ocultan y naturalizan inequidades de todo tipo. Y, si entendemos que el lenguaje es expresión de poder y, asimismo, lo sustenta; la mediática hegemónica no puede más que ofrecernos códigos que legitiman, tanto a la élite dominante, como a la cultura de dominación.

Entonces, hay que vislumbrar a esa mediática como un escenario globalizado, donde se inscriben medios tradicionales, la Internet, telefonía, redes telemáticas y la Inteligencia Artificial.

Y, solo basta entenderla como escenario enemigo de contienda, sino que hay que plantarnos contra esa vanguardia del capital, estudiarla y conocer cuáles son los medios que más influencia ejercen sobre nuestros pueblos, cuál es la plataforma que domina contenidos en nuestra comunidad, sobre cuáles códigos de lenguaje formal, semántico y posicional, se sustenta la cultura sistémica patriarcal. Es fundamental,    precisar                   vacíos,               negaciones,                           tergiversaciones     conceptuales y omisiones legales que legitiman y/o invisibilizan violencias, normalizan el sexismo y la cosificación de las mujeres, niñas, niños y diversidades sexuales, tras lo cual se amparan la explotación sexual, la trata de personas, la inducción al consumo de psicotrópicos, entre otros crímenes.

Es posible superar la victimización y saltar por sobre las trampas que el Capitalismo decadente, en su globalización, nos ha ido instalando. Esas minas enterradas que explotan cada día, negándonos y tergiversándonos, que retumban en aquellas dos realidades inversas: la social y la virtual, cargan un código para su desactivación: la conciencia colectiva y su articulación.

Durante pandemia, aprendimos mucho, entre otras cosas, a encontrarnos más allá de lo físico y habitual. Las redes telemáticas han desplazado a la mediática tradicional y han sido aprehendidas por nuestra población vulnerable. Ahora, nos están sirviendo de soporte para debatir, denunciar, acompañar, apoyar, auxiliar, estudiar, sumar y visibilizar.

Entonces, debemos agendar nuestra articulación ofensiva mediática para enfrentar esa fatalidad escenificada sobre puntos ciegos y empezar a encender las luces para develar las maniobras siniestras del capital.

IV.- La apropiación de la batalla mediática como escenario vanguardia contra la guerra sistémica

La información, comunicación y propaganda, ejercida desde la hegemonía mediática del sistema, ha generado dos realidades: una virtual y otra social. Hoy, la mediática es el escenario vanguardia de la guerra sistémica, imperialista y patriarcal.

Una Agenda Estratégica Feminista de Izquierda debe plantearse la batalla mediática, desde dos direcciones y un objetivo.

La primera dirección: contradecir, bloquear y neutralizar, las orientaciones alienadoras de la mediática hegemónica enemiga (Beleño, 2017); la segunda, generar contenidos que fortalezcan el imaginario popular, la cosmovisión femenina y la sensibilidad social (Beleño, 2018).

El objetivo: rehacer nuestro campo interior, constituido por familia, comunidad y organizaciones base, para edificar trincheras esenciales y definitorias contra la batalla ideológica que sustenta la perpetuación de todas las opresiones.

Es importante cuestionarnos el lenguaje y la semántica dominante que, visible e invisiblemente, están impregnadas por una lógica sistémica absolutista, donde se ocultan y naturalizan inequidades de todo tipo. Y, si entendemos que el lenguaje es expresión de poder y, asimismo, lo sustenta; la mediática hegemónica no puede más que ofrecernos códigos que legitiman, tanto a la élite dominante, como a la cultura de dominación.

Entonces, hay que vislumbrar a esa mediática como un escenario globalizado, donde se inscriben medios tradicionales, la Internet, telefonía, redes telemáticas y la Inteligencia Artificial.

Y, solo basta entenderla como escenario enemigo de contienda, sino que hay que plantarnos contra esa vanguardia del capital, estudiarla y conocer cuáles son los medios que más influencia ejercen sobre nuestros pueblos, cuál es la plataforma que domina contenidos en nuestra comunidad, sobre cuáles códigos de lenguaje formal, semántico y posicional, se sustenta la cultura sistémica patriarcal. Es fundamental,    precisar                   vacíos,               negaciones,                           tergiversaciones     conceptuales y omisiones legales que legitiman y/o invisibilizan violencias, normalizan el sexismo y la cosificación de las mujeres, niñas, niños y diversidades sexuales, tras lo cual se amparan la explotación sexual, la trata de personas, la inducción al consumo de psicotrópicos, entre otros crímenes.

Es posible superar la victimización y saltar por sobre las trampas que el Capitalismo decadente, en su globalización, nos ha ido instalando. Esas minas enterradas que explotan cada día, negándonos y tergiversándonos, que retumban en aquellas dos realidades inversas: la social y la virtual, cargan un código para su desactivación: la conciencia colectiva y su articulación.

Durante pandemia, aprendimos mucho, entre otras cosas, a encontrarnos más allá de lo físico y habitual. Las redes telemáticas han desplazado a la mediática tradicional y han sido aprehendidas por nuestra población vulnerable. Ahora, nos están sirviendo de soporte para debatir, denunciar, acompañar, apoyar, auxiliar, estudiar, sumar y visibilizar.

Entonces, debemos agendar nuestra articulación ofensiva mediática para enfrentar esa fatalidad escenificada sobre puntos ciegos y empezar a encender las luces para develar las maniobras siniestras del capital.

VI.- La Comuna como apuesta futura para la generación de otra economía

Categóricamente, ningún Estado será capaz de liberarnos. Siempre que exista Estado, habrá clases y estructuras opresoras, porque el Estado surgió, tras el Patriarcado, la propiedad privada y las clases; y a través de la violencia, para sostenerse desde esta. Así de sencillo nos lo explicó Friedrich Engels:

El Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera de la sociedad. Tampoco es “la realidad de la idea moral”, ni “la imagen de la realidad y la razón”, como afirma Hegel. Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado. Es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del “orden”. Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado (Engels, 2007:258).

La Comuna como forma de organización económica, política y social, como defensa y conservación de lo micro, valorización de saberes ancestrales y del natural mestizaje, debe ser nuestra estrategia. No, el Estado Comunal, aunque, ese sea el concepto acuñado-pensado como tránsito hacia la Sociedad Comunal.

Porque, hasta la estrategia, que es la Sociedad Comunal, no se llega por decreto, ni por la sola invocación. Deberá existir un proceso largo de cambios cualitativos, que irán acumulándose para el salto.

A las mujeres de izquierda nos debe juntar la propuesta Comuna, porque recoge el elemento originario del espacio común, para los seres comunes, con derechos y deberes comunes. El espacio donde hacemos vida y la cuidamos, producimos y nos reproducimos, estudiamos y nos proyectamos; donde nos encontramos y hermanamos.

Desde la Comuna, podemos replantearnos los parámetros industriales sistémicos de producción:15¿quién, qué, cómo y para qué se produce?, una reflexión/transformación que solo puede hacer el Poder Comunal.

Asimismo, la redefinición del concepto y organización de la familia para transcender los límites consanguíneos y afines, hacia el rescate la Gens, desde la perspectiva de nuestro contexto presente, con la mira en nuestro ideal futuro.

No es muy difícil imaginar un futuro cercano que restablezca lo hermoso del pasado antiguo, similar al cómo vivían las comunidades remotas en su forma vernácula de grandes familias, llamadas Gens:

…sin soldados, gendarmes, ni policía, sin nobleza, sin reyes, gobernadores, prefectos o jueces, sin cárceles, ni procesos, todo marcha con regularidad. Todas las querellas y todos los conflictos, los zanja la colectividad a quien concierne… (Engels, 2007:177)

La Comuna es la apuesta fundamental para transformar la familia patriarcal, normatizada, injusta e inequitativa, que rompió el tejido social natural, desde la Barbarie, y continúa superponiéndose sobre las luchas del inconsciente colectivo afrentado.

¿Acaso la maternidad social que ejercen a diario nuestras mujeres comuneras, para garantizar alimentos, servicios, información, unidad y sororidad, no representa un peldaño en la escalera del ascenso al cielo de la sociedad comunal? Claro que sí.

Operando una concientización contra el parámetro que carga lo doméstico sobre el ser femenil, es decir, socializando estas labores, se puede percibir el implante de un embrión con genoma de Nuevo Mundo Posible, que crece en el vientre de nuestras praxis.

Las Comunas que hoy son ejemplo de convicción y resistencia en Venezuela16, están enfrentando la concentración y el monopolio de los procesos productivos en espacios ajenos a lo colectivo, a lo común; eso que implica la industrialización de toda la vida, y que nos desarticula como seres sociales comunes, haciéndonos engranajes para la producción serial, tóxica, consumista del Capitalismo global; que para nada consulta las necesidades reales y las posibilidades naturales de nuestro territorio, de la fuerza de trabajo, ni del pensamiento social articulado.

Sin embargo, los parámetros patriarcales que rigen la vida económica, social y política del proyecto comunero, aún no se cuestionan de forma clara y consciente. Por ejemplo: el trabajo doméstico y de cuidado continúa cargando sobre las espaldas de nuestras mujeres. Por todo esto, nuestra Agenda Estratégica Feminista de Izquierda debe anotar a la Comuna como espacio potencial de lucha contra todo basamento patriarcal de la economía popular.

Desde esos espacios podemos comenzar a deconstruir asuntos trascendentales como la falta de reconocimiento real del valor del trabajo doméstico y de cuidado, hecho que crea la esclavitud doméstica de las mujeres y niñas. Hay que plantearse la organización de cocinas y lavanderías comunales, por ejemplo; donde se colectivicen estas labores, con la participación de tod@s sus habitantes: mujeres y hombres. Realidad que aportaría a las comuneras tiempo libre para estudiar, recrearse y participar, equitativamente, en los asuntos públicos- políticos de forma decisiva; y contribuiría a quebrar un pilar fundacional de todas las sociedades clasistas: la asignación de roles por género y la apropiación del trabajo doméstico y de cuidado por las élites masculinas dominantes.

Igualmente, en la Comuna se pueden edificar casas de abrigo y resguardo para nuestras mujeres, niñas y niños en condiciones de vulnerabilidad, frente a la violencia patriarcal que se reproduce en lo doméstico; logrando sacar de la invisibilización a este tipo de crimen que se disimula en nuestras vecindades.

En la Comuna se pueden crear centros de encuentros para el intercambio de conocimientos ancestrales, que siguen en poder de madres y abuelas. Las escuelas para la formación de espirales que trasciendan estos tiempos, tienen en la Comuna su genoma.

En fin, el potencial de la Comuna para la otra economía, la colectiva, la equitativa, la comunista; es el potencial para la otra sociedad, la de la utopía.

Sumémonos al grito del comandante Chávez: “¡Comuna o Nada!”. Claro, añadiéndole algo mágico: “¡Comuna Antipatriarcal o Nada!”

CONCLUSIÓN

El final de la década anterior nos sorprendió con una pandemia que solo distinguía cuerpos humanos, pero que se afincó en las vulnerabilidades preexistentes de quienes únicamente contaban con su fuerza de trabajo y la inventiva para mantenerse en pie.

Las consecuencias globales se miraron desde prismas ubicados en espacios enfrentados. Mientras, desde el poder hegemónico, la tragedia se narró en pérdidas de lucro calculado; para los seres explotados, la cotidianidad se trastocó en catástrofes que esbozaron desamparo, hambre, muertes súbitas e insepultas, y un horizonte de incertidumbre infinita.

En tanto, para esa inmensidad que representa al ser mujer, la maldición patriarcal incrementó sus violencias, redimensionó la esclavitud doméstica y limitó las defensas sororarias, ante el distanciamiento físico urgido para evitar el contagio del Covid-19.

En la década que cursa, en la postpandemia, nos asaltó la monstruosidad desarrollada al nivel de lo impensable: el ecogenocidio perpetrado contra la puebla ancestral de Palestina por el nuevo nazi fascismo, llamado Sionismo, ha roto cualquier parámetro instaurado globalmente sobre el elemental derecho a la vida. Todas las convenciones internacionales para el respeto de los Derechos Humanos, todos los códigos de guerra, han sido derogados por voluntad del imperialismo.

Ante la impunidad que nos conculca el alma, en todos los rincones del planeta, la humanidad se ha lanzado a las calles en clara rebelión contra esa barbarie del Siglo XXI, al punto de haberse asumido el heroísmo internacionalista, a todo riesgo, con iniciativas como las Flotillas de la Libertad, que se lanzaron al mar para llevar auxilio al pueblo gazatíe que resiste contra las bombas y el cerco de alimentos, agua, medicinas e insumos básicos para la vida.

Las estadísticas de muertes, las imágenes del sufrimiento infantil, del dolor que las madres soportan, de las torturas contra quienes son capturados, entre otras aberraciones del Sionismo, reflejan la magnitud de la tragedia que enfrentaremos, como humanidad toda, sino se toma la decisión global de enfrentar y detener al imperialismo.

En paralelo, la resiliencia de la puebla palestina, las diversas formas de lucha que ha asumido para seguir existiendo y triunfar contra la decisión de exterminio; a más de la instintiva rebelión popular contra el ecogenocidio sionista, tanto en las entrañas del monstruo, como en todas partes del mundo; demuestran que existe una subjetividad contra hegemónica, un despertar multitudinario de la conciencia crítica que puede transformarse en fuerza objetiva para reconstruirnos planetariamente y derrotar la decadencia capitalista. Conciencias, resistencias y luchas que gritan:

¡Estamos a tiempo, aún existimos!

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