By Ayelén Correa Ruau
While the governments of the State of Israel and the United States bombard and massacre children, women, and gender dissidents raise their voices loudly across the world, declaring that March 8 is a day of struggle and organization.
Despite being an emblematic date in the history of organized women’s struggle—communists, socialists, anarchists, and the left—neoliberalism has managed to turn this day into an occasion for congratulating women or offering them sexist gifts, reproducing heteropatriarchal stereotypes in which women are treated as objects rather than subjects, depoliticizing their creative practices and confining them to the private sphere of domestic and unpaid labor.
With the fourth wave of feminism, which gained strength through the International Women’s Strike of 2016, gender-based violence and sexual abuse were denounced as expressions of neoliberal patriarchy—a system that must diversify its forms of domination and control by extending violence across territories and communities, particularly onto the bodies of women and girls. In doing so, it became clear that women move (and can stop) the system.
Women were already moving the world during the early industrial revolution in 1909, and they also possessed a political consciousness of organization and collective struggle—hence the strikes and the fierce repression. The same applies to Russian women and their strike for “bread and peace” in 1917, as well as to the women of the Paris Commune and all Black, Indigenous, and mestiza women who resisted colonization and fought in processes of independence and decolonization.
International Women’s Day is much more than a United Nations commemoration; it is an exercise in historical memory from an intersectional gender perspective. It recognizes and seeks to repair the fact that working-class, racialized, and migrant women have faced the violence of heteropatriarchy since its inception, and that they will only be free through the construction of a new social order.
The year 2026 began with a new outrage of supremacist power by the government of the United States. On January 3, everything changed drastically: the epicenter of 21st-century Bolivarian socialism was militarily invaded through bombings against civilians and the kidnapping of a president and a leading figure of Chavismo, a sitting national legislator (who is also the presidential first lady), in a simultaneous attack in Caracas and other regions of the country. The militarization of life and territories has a profound and differential impact on women and feminized bodies—those whom patriarchy believes it can violate, such as LGBTQ+ communities, children, people with disabilities, and those with mental health conditions.
With the conservative and neoliberal counteroffensive, women and feminized bodies face a situation of extreme social vulnerability. Under Trump’s renewed presidency, transgender identities have once again been denied recognition in the United States, while in Argentina, during the 2025 World Economic Forum in Davos, Milei associated pedophilia with homosexuality in his speech. These homophobic and misogynistic statements are based on anti-rights propaganda that conservative regimes seek to impose, denying years of structural patriarchy and gender inequality.
But this reactionary advance is not only about identities and gender; it concerns political subjects with anti-imperialist class consciousness. It aims to invalidate, attack, and persecute women and gender dissidents because of their capacity for agency, their community organizing, and their role in defending the sovereignty of bodies and territories.
For this reason, women’s struggles and feminisms must develop their own political tools and mediations to build a society free from oppression based on gender and sex. This means that women and feminized bodies oppressed by capital must participate in decision-making processes within social and political organizations, as well as within state institutions and governments.
To achieve this, it is necessary to construct new political forms that do not reproduce the sexual division of labor, binary gender stereotypes, verticalism, specialization, and competition.
Internationalist solidarity and decolonization are essential for the liberation of women and gender diversities worldwide, while respecting the self-determination of peoples and their diversity according to each territory and history.
International Women’s Day must be a day of political action and awareness, so that society as a whole can recognize the existence of patriarchy, denaturalize it, critically engage with it, and adopt an anti-patriarchal stance in both action and thought across all areas of life.
[Spanish]
Hoy más que nunca: por la liberación de los cuerpos y territorios
Contra la guerra patriarcal del sionismo
Por Ayelén Correa Ruau
Mientras los gobiernos del Estado de Israel y Estados Unidos bombardean y masacran niñas, las mujeres y disidencias sexo género políticas gritan bien fuerte en todos los rincones del mundo que el 8 de Marzo es un día de lucha y organización.
A pesar de ser una fecha emblemática para la historia de lucha de las mujeres organizadas, comunistas, socialistas, anarquistas y de izquierda, el neoliberalismo había logrado convertir este día en una oportunidad para felicitar a las mujeres o hacerle homenajes y regalos sexistas, (re) produciendo estereotipos heteropatriarcales, donde las mujeres son objeto y no sujeto, donde se despolitizan sus prácticas creadoras para recluirlas en el ámbito privado, lugar del trabajo doméstico y no remunerado.
Con la cuarta ola feminista, que encontró su fuerza en el Paro Internacional de Mujeres de 2016, denunciando la violencia por razones de género y el abuso sexual como expresiones del Patriarcado neoliberal, – que necesita diversificar sus formas de dominación y control, expandiendo en los territorios y comunidades la violencia desplegada sobre el cuerpo de las mujeres y las niñas -, se le mostró al capitalismo que las mujeres movemos (y paramos) al sistema.
Las mujeres ya movían al mundo en la incipiente revolución industrial de 1909, pero también tenían conciencia política de organización y lucha colectiva, por ello la huelga y la feroz represión. De igual modo las mujeres rusas y su huelga por el pan y la paz de 1917 pero también las de la Comuna de París y todas las negras, indígenas y mestizas que resistieron la colonización y lucharon por los procesos de independencia o descolonización.
El Día Internacional de las Mujeres es mucho más que una efemérides de Naciones Unidas, es un ejercicio de memoria histórica desde la perspectiva de género interseccional, que reconoce y repara que las mujeres obreras, racializadas y migrantes enfrentan las violencias del heteropatriarcado desde su fundación y que sólo podrán ser libres en una nueva construcción social.
Este 2026 inició con un nuevo ultraje del poder supremacista del gobierno de Estados Unidos. El 3 de enero todo cambiaría drásticamente: el epicentro de la alborada del socialismo bolivariano del siglo XXI fue invadido militarmente con un bombardeo a civiles y con el secuestro de un presidente y una referente del chavismo y legisladora nacional en funciones (que es también la primera dama presidencial), en un ataque simultáneo en Caracas y otras zonas del país. La militarización de la vida y los territorios tiene un impacto profundo y diferencial en las mujeres y cuerpos feminizados (aquellos que el Patriarcado cree que puede ultrajar, como la comunidad LGBTQ+, las infancias, las personas con discapacidad, las personas con problemas de salud mental).
Con la contraofensiva conservadora y neoliberal, las mujeres y cuerpos feminizados una situación de extrema vulnerabilidad social. Con la nueva presidencia de Trump, se volvió a negar el reconocimiento de las personas transgénero en EE.UU. y con Milei el delito de pedofilia es asociado a la homosexualidad durante su discurso en la Conferencia Económica de Davos en 2025. Estas declaraciones homofóbicas y misóginas se basan en la propaganda antiderechos que el régimen conservador quiere imponer, negando años de Patriarcado estructural y desigualdad entre los géneros. Pero este avance conservador no es sólo un tema de identidades y de géneros, es un tema de sujetos políticos con conciencia de clase antiimperialista. Se propone invalidar, atacar y perseguir a las mujeres y disidencias sexo género políticas por su capacidad de agencia, por la organización en las comunidades y su rol en la defensa y soberanía de los cuerpos y territorios.
Por eso, la lucha de las mujeres y los feminismos tiene que encontrar sus propios instrumentos y mediaciones políticas para la construcción de una sociedad libre de opresiones basadas en género y sexo. Esto quiere decir que las mujeres y cuerpos feminizados y oprimidos por el capital deben formar parte de la toma de decisiones en las organizaciones sociales y políticas pero también en las agencias estatales y gobiernos. Para ello es necesario construir formas políticas novedosas, que no reproduzcan la división sexual del trabajo, los estereotipos binarios asignados a lo masculino y lo femenino, el verticalismo, la especialización y la competencia.
La solidaridad internacionalista y la descolonización son fundamentales para la liberación de las mujeres y las diversidades en todo el mundo, respetando la autodeterminación de los pueblos y su diversidad, de acuerdo a cada territorio e historia.
El Día Internacional de las Mujeres debe ser un día de acción política y sensibilización, para que toda la sociedad pueda reconocer el Patriarcado existente, desnaturalizarlo, problematizarlo y asumirse antipatriarcal desde la acción y el pensamiento de forma transversal.
